noviembre 27, 2009

Cantares

Tengo más de una entrada pendiente, pero ésta no era una de ellas. Escribo movida y conmovida por la añoranza. Hoy escucho un programa hecho desde la ciudad en que crecí. Y oyéndolo rememoro aquellos espacios de mi niñez. Algunos han cambiado poco: mantienen su esencia e, incluso, sus telarañas. Otros, en cambio, sí lo han hecho, para bien. Y ya no sé si por dentro serán como yo los recuerdo, aunque sus habitantes sí lo sean. Es lo que pasa con Los Avellanos. Yo me quedé en la parte de su historia en que era una taberna. Hoy es un restaurante con estrella Michelin.

Cosas como éstas son las que me hacen pensar que el tiempo ha pasado. No sé si veloz o no. Pero sí han caído hojas en el calendario, a veces de una manera tan discreta que casi ha resultado imperceptible. En moda, cuando un diseñador depura la línea de sus creaciones se dice que vuelve a los básicos. En el terreno de la melancolía podríamos decir que yo también quiero hacerlo. He salido, he visto, he vivido y, en el fondo, quiero volver, aunque no al mismo, ni en el mismo punto.

Luego lo pienso bien y me echo atrás. Puede que sólo sea un arrebato, pero hoy me araña el corazón la morriña y me gustaría pasear por las calles de mi niñez, véase, por ejemplo, Consolación; visitar el teatro que se hizo verdad cuando ya no estaba, Concha Espina; sentarme en los bancos del parque, Barquín; subirme al autobús que me llevaba a casa como muy tarde a las 20.00 horas, García; entrar en mi instituto, Gutiérrez Aragón; rebuscar en los fondos de la biblioteca, Gabino Teira; tomarme un café en la mesa de al lado de la ventana, Garufa; disfrutar de una cerveza, calle del Limbo...


octubre 25, 2009

Domingos de concierto

Llevo una temporada sin ir a conciertos... O no son de mi estilo o caen entre semana y a horas intempestivas para mi trabajo. Cosas de la vida. Sin embargo, puede que acabe el año con varias entradas en la cartera. Y tendré que dar las gracias. ¿La razón? Que serán en domingo. Sí, justo cuando el fin de semana muere y comienza otra semana más de rutina y ruido. Tampoco está tan mal... Es una manera como cualquier otra de acercarse al lunes. Yo diría incluso que es una manera mejor que otras... sobre todo si no madrugas.

Ahora, un regalito: el videoclip del próximo 'single' de Quique González. Lo ha rodado Fernando Macaya (sí, el componente de Los Deltonos, Chicktones y Autopista -esto tiene otro post-, que tiene una tienda de instrumentos musicales en Santander, y que ya filmó para González el documental '¿Dónde están las gafas de Mike?'). Incluye imágenes de la estancia del músico en Nashville, donde ha grabado el disco. Estoy esperando su 'Daiquiri Blues' como agua de mayo... Hay cosas que todavía hacen soñar.

La Luna Debajo del Brazo from Last Tour International on Vimeo.

octubre 23, 2009

Plomo, Manuel

"¿Dónde crees que vas?" Algo así debió de oír Manuel hace unos días. Era lunes y el reloj de la furgoneta marcaba las nueve y media. Regresaba de un permiso a la cárcel. Tarde. Pero no una hora ni dos, cuarenta y ocho. Había pasado el fin de semana en casa de Adela y Paco, viejos conocidos de su juventud.

De los pocos que le quedaban ya. La mala vida se había cepillado a muchos sin llegar a los cincuenta. Manuel resistía. En parte porque era fuerte -ya se sabe lo que dice el refrán, mala hierba...-. Y en parte porque llevaba treinta años entre rejas. Mal lugar para reformarse, pero peor para seguir con el mismo ritmo.

En el trullo nunca lo había felicitado por su comportamiento, aunque tampoco lo contrario. Quizá influía que no siempre cumplía las normas tal y como eran. Por ejemplo, en los últimos veinte años siempre había vuelto de los permisos... Aunque no todas las veces a tiempo. Pese a ello, había fe ciega en él. ¿Dónde iba a estar mejor? ¿O al menos más seguro? Esta vez, en cambio, iba a ser diferente.

Manolín era lo que se entiende por un tipo de costumbres relajadas. Y no con muy buen genio. No convenía llevarle mucho la contraria. Sus conocidos lo sabían bien. Le pasaba desde crío. Su madre siempre decía que era algo cabezón. Más tarde, el psicólogo le definiría como un tipo "de carácter explosivo".

Quizá por eso se cargó a la Candela, una puta heroinómana con la que se montaba a ratos... gratis. O tal vez fuera por que la muy perra se quedó con el anillo más gordo del botín de la joyería, además de con un par de brazaletes macizos y seis relojes de oro. O a lo mejor fue porque se tiñó de rubia platino y le dio por comprarse corsé, al estilo de la Madona ésa.

Al Virgilio, sin embargo, le tocó por estar allí. Hay que ser torpe, coño. Como El Cojo y Augusto, que no sabían con quien trataban, y así les lució el pelo. Un poco chamuscado, que diría Manuel. El que roba a un ladrón tiene mil años de perdón, pero... ¿quién robó a quién y quién era el ladrón? Para Manolín estaba claro. Con lo de comer no se juega. Y aquel botín era caviar 'beluga' en el caso de que supiera qué era eso.

Manuel miró al desconocido. De la boca de aquel tipo salió un denso vaho mezcla de humo y vaho. Hacía frío en aquella jodida mañana otoñal a las puertas de la cárcel. No le dio tiempo a contestar. Sintió un sabor extraño en la boca, pero no llegó a identificar a qué. "Plomo, Manuel ¿Quién te parece que soy?". No vio pasar la vida en fotogramas.

octubre 22, 2009

Declaración de principios

Vuelvo. Sí, sí, no me miren así. Vuelvo porque lo necesito y porque lo quiero. Y no precisamente en este orden. Bien es verdad que nunca he estado del todo fuera, sino más bien alertagada, así que espero que el asunto sea fácil. No pregunten. Es mejor no saber ciertas cosas... Ya saben lo que le pasó al gato (esto último debería aprenderlo yo también, ja).

Iba a prometer, pero realmente no es necesario. No lo hago por ustedes, no nos vamos a engañar ahora. Lo hago por mí. Éste es mi espacio, mi lugar en el mundo. Espero que alguno de ustedes encuentre el camino, aunque ya no queden miguitas. Pero si no es así, tendré que vivir con ello (o a lo mejor son ustedes, je). A los nuevos, bienvenidos. Siéntense donde más les guste y tómense un café, una cerveza o algo más fuerte. El bar está abierto... Eso sí, recuerden, sírvanse ustedes mismos.

septiembre 15, 2009

Concierto privado

Entro en el bar pisando segura sobre sus tacones. Doce centímetros de aguja ocultos bajo el vaquero. Una bocanada de tabaco la recibió. Sonaban Pixies. Había más gente que de costumbre, pero su esquina estaba despejada. Se acomodó en el taburete y pidió un Gintonic
-¿De qué lo quieres?

Dudó un momento. "De lo que tú me recomiendes", respondió sin inmutarse. Siempre se pedía Bombay. El camarero se dio la vuelta y cogió MG. De repente, se abrió la puerta y entraron dos figuras masculinas. Eran las cuatro. Hora de cerrar. Nadie les dijo nada. Uno de ellos echó la llave y ordenó bajar ligeramente la música.

"¿Hoy vienes sola?", le dijo el dueño del local. Pero era más una afirmación que una pregunta. "Pues has vuelto a tener suerte". Conocía bien a Suso. Y también a la figura que acababa de entrar con él. Y a los que estaban en la otra punta de la barra. Alguien sacó una guitarra del cuarto de los trastos. Había concierto privado.

Encendió un cigarrillo y dio una profunda calada. Alguien le ofreció una raya que no aceptó. Miró hacia el camarero. En una madrugada como ésta se lió con él y dejó la universidad.



septiembre 10, 2009

Montaña rusa

Te veo dormir y me enamoro. Leo en tus párpados púrpura esa serenidad que a mí me falta. Pequeña saltimbanqui que vive en una contínua montaña rusa. Te beso los labios y ni te enteras. Te vence el cansancio de las últimas semanas. La vida a veces nos muestra el envés. Escucho a Quique y me acuerdo de aquellas noches de gintonics. Soy feliz. Y me da miedo decirlo. Nunca fue una valiente.




Pdta.: Dios, hacía tanto que no escribía... que al hacerlo me dan ganas de bailar mientras canto a gritos. No sé si las viejas ganas han vuelto o son nuevas, pero estoy eufórica. A lo mejor los meses en blanco eran simplemente el tiempo en que tarda en recargarse la batería de un móvil.

septiembre 05, 2009

Otro día en el mundo

Llevo meses oyendo hablar de Vetusta Morla. Tengo su último disco, pero no le había encontrado el punto. Hasta hoy. Escuchando la Ser me ha llegado una canción y me he puesto a escuchar su música. No sé, será que tengo uno de esos días donde estás completamento abierto a lo que te llegue. Como la tábula rosa de Aristóteles... El caso es que ya tengo una melodía para el fin de semana.




Por cierto, el último mes también me he vuelto a enganchar a la lectura. El artífice o culpable ha sido, cómo no, Nick Hornby. Su última novela, 'Todo por una chica', me ha acompañado en mis vacaciones nómadas. Y justo cuando uno piensa que es una novela más, Hornby le da un sencillo giro que logra que la curiosidad se fije entre los dedos del lector y ya no pueda desconectarse de la historia. Sin artificios ni giros impostados. Cien por cien sencillo.