04 agosto 2015

El encanto decadente de Eaux Bonnes

Cuando viajo por Francia tengo la sensación de estar en la patria de la belleza decadente. Los pueblos por los que paso no se afanan por esconder sus arrugas, a lo sumo las maquillan con una mano de pintura pastel, coloridas macetas de flores y cortinas a cual más delicada. No son los pueblos de la perfección, sino de la coquetería. Y a mí me encanta, claro.

Estas vacaciones pasé por muchas de estas villitas, aunque hoy solo quiero hablar de una, Eaux Bonnes (435 habitantes), en la región de Aquitania y en plenos Pirineos. En realidad, quizá sea la menos cuidada de todas por las que he pasado este julio, pero tiene una magia increíble. Con y sin sol. Estuve durante dos días y me alojé en el Hotel Richelieu, un establecimiento que data de primeros de siglo XX y que, como se diría en francés, es 'très joli'. Los dueños han hecho un esfuerzo por actualizarlo, pero sin perder su identidad de local antiguo. Si vas buscando algo moderno, olvídalo. Pero si no, es un lugar muy agradable y con un restaurante para cenas sencillo, pero de cocina sabrosa.

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Eaux Bonnes está a cinco kilómetros de Laruns y 12 del col del Aubisque, una de esas cimas gloriosas del Tour de Francia que recibe el peregrinaje habitual de ciclistas aficionados, moteros y turistas en general. Lo primero que se percibe en este pueblo, construido alrededor de los rectangulares Jardines de Darralde, es el abandono. Su etapa de esplendor queda muy lejos de nuestros días, allá por el siglo XIX, cuando las aguas termales lo elevaron como destino turístico para los personajes de la época. Hoy, sin embargo, muchos de los edificios presentan un estado un poco tristón (alguno amenaza derrumbe, incluso). 

Pyrenees - 037
Foto de Jame Drumsara
Entre ellos está el grandioso Hotel des Princes. Fue construido en 1860 y se convirtió en el más lujoso de la época en Europa. En él se alojaron muchos nobles, entre ellos, la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, que también puso de moda el veraneo en Biarritz (hoy, su palacio ya no es privado, sino el exclusivo Hotel du Palais). Su fachada neoclásica todavía impresiona cuando uno pasa por delante. En su momento, tuvo hasta pista de tenis (queda la puerta), una instalación que se ganó a la propia roca que encajona el pueblo y que hoy está cubierta de hierbajos.

Cuando estaba a punto de cumplir los cien años (un cumpleaños memorable para cualquiera), le llegó la hora del cierre. La crisis del termalismo era más que incipiente: los médicos ya no recetaban las aguas para curar las dolencias, sino aspirinas y demás medicamentos, así que el número de interesados en estas terapias fue reduciéndose sin miramientos. Desde entonces, sigue esperando un nuevo resurgir. Ha habido algunos intentos, pero no le ha sonreído la suerte.

El último tuvo lugar a principios de la década del 2000. Las autoridades locales, que lo han declarado como un edificio de interés y valor arquitectónico, lo vendieron a un fondo de inversores inmobiliarios que prometió rehabilitarlo y recuperar su esplendor, pero el proyecto pinchó. Digamos que sus nuevos dueños salieron rana y el hotel hoy casi amenaza ruina, entre polvo, telarañas, grietas y humedades.

Eaux Bonnes: Hotel des Princes
Foto de Gonzalo de las Heras
El local no ha tenido la suerte de otros edificios vecinos cuyos dueños los han reconvertido en apartamentos de alquiler para aficionados a los deportes de invierno, fundamentalmente. Sin embargo, las autoridades locales no pierden la esperanza. Ahora confían en que se salve más temprano que tarde gracias a su plan para relanzar el turismo termal. De hecho, el balneario de Eaux Bonnes, que se ha mantenido abierto estos años, está en plena reforma, un proyecto ambicioso y caro (unos 7 millones que en parte financiará el gobierno regional de Aquitania) que avanza, aunque con cierto retraso.

Este año, la temporada de curas se ha tenido que anular cuando ya había 650 reservas, según informa el periódico Sud-Ouest. Una ruina pero que podría solventarse cuando acaben los trabajos. Sobre todo después de ver la burbuja futurista con piscina incluida (de momento solo está el esqueleto, eso sí aunque creen que podría estar terminada para octubre). Más de uno no va a perder el tiempo en estrenarla cuando la inauguren así nieve... Buena pinta tiene. Por cierto, el nuevo proyecto ya no pretende vender Eaux Bonnes como una ciudad balneario para curarse en sus aguas, sino para relajarse en ellas gracias a su spa termal (la denominación de moda).

Eaux Bonnes tiene también un casino, como las grandes ciudades. Pero más allá de jugarse allí a la ruleta, los mayores hacen juego a las cartas y al dominó, y los jóvenes... pues lo usan como centro cultural. El inmueble es imponente (aunque alguna parte está tapiada y se ve que tiene goteras) y tiene una larga historia porque también sirvió de alojamiento a los soldados americanos durante la Gran Guerra, tal y como informa una placa en la fachada.

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Foto de Hans Porochelt
El casino es, asimismo, el punto de partida del Paseo Horizontal, una ruta casi llana, con poco desnivel, algo singular en un pueblo tan pindio.

Eaux-Bonnes, Pyrénées-Atlantiques: près du casino.
Foto de Marie-Hélène Cingal
Hacerla no tiene complicaciones. Son casi 4 kilómetros (aunque en su momento llegaba hasta la vecina Eaux Chaudes, en la carretera que sube al Portalet) cómodos, abrazados por la sombra de los árboles y con grandes vistas de la zona. Merece la pena el paseo. Si lo que buscamos es algo un poco más fit, el ayuntamiento ha instalado un pequeño circuito deportivo al estilo 'crossfit' con explicaciones y todo. Muy divertido, por cierto.

Eaux Bonnes: paseo horizontal

Eaux Bonnes: paseo horizontal
Fotos de Gonzalo de las Heras

En los alrededores del municipio también hay algunas casas de gran belleza y valor arquitectónico. Una es Villa Meunier, un chalet de estilo inglés, situado en la ruta a Gourette y cuyo primer dueño fue el médico Valéry Meunier; otra, Villa Escarapela, una construcción de 1937 hecha para el escritor inglés Dornford Yates en el camino de Aas; y la última, Villa Preller, a la entrada del Paseo de la Emperatriz (al fondo del pueblo).

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08 mayo 2015

Alguien como tú

Han pasado cinco años desde que perdí a mi padre. Y aún duele. Se fue y no pude despedirme de él. En parte por las circunstancias, pero también porque ni supe ni quise ver lo que estaba pasando. Tenía una enfermedad crónica. En su momento decidió no tratársela tras poner en la balance los efectos secundarios de los medicamentos. Me costó entenderlo, pero lo olvidé tan rápido como pude. Hace cinco años me choqué con ello de nuevo.

Iglesia de Grundsunda (Suecia)

Dicen que el tiempo cura y es posible. Pero las cicatrices quedan y los días de lluvia palpitan. Desde hace cuatro años no hay día que no caiga algún chaparrón. Le echo de menos como no sabía que se podía hacer. A veces me gustaría poder coger el teléfono y hablar con él. Pero nadie contesta al otro lado.

No vivía con él desde los dos años. Le veía los tres meses de verano y en algunas visitas durante el curso. No demasiadas porque vivía en un pueblo que ahora está a hora y poco de donde yo me crié, pero entonces eran más de dos y en un autobús que salía una vez al día. Tampoco había teléfono. Solo el del bar del pueblo. Y en la televisión hasta hace doce años no se veían más canales que La 1 y La 2. Cuando me marché a estudiar en la universidad empezamos a mantener contacto más regularmente. Mi tío puso teléfono y me llamaba desde su casa. Se pasaban todo el día juntos.

No fui una hija modélica, pero él me quería como si fuera la mejor del mundo. No veía los defectos. Yo le quería muchísimo. No se lo demostré como hoy me hubiera gustado hacerlo, pero tampoco las circunstancias ayudaban. Pese a todo sé que él era consciente de que lo que yo sentía. Sin embargo, tengo la sensación de que no estuve a la altura de muchas cosas y mucho menos en la despedida.

Llevaba semanas malo. Mi hermano le obligó a ir al hospital. Le ingresaron un fin de semana. Y allí estuvimos los tres. Me despedí en la habitación seca y regañándole. Le dí un abrazo 'despegao' molesta por su 'sentimentalismo' y porque no se cuidara. No quería ver nada de lo que pasaba. Le harían comer bien, pasaría la ITV y otra vez a casa. Y eso parecía hasta el maldito miércoles por la tarde.

Y ahí sí que estuve ciega y torpe. Tenía que haber salido corriendo de aquella oficina, haber cogido el primer autobús y plantarme en el hospital. Pero no lo hice. Creí que de verdad no pasaría nada, que por la mañana le operarían de algo que parecía solo secundario y que el jueves por la noche pasaríamos la noche juntos mientras mi hermano descansaba por fin. No llegó nada de eso. Como no llegué yo a verlo vivo, ni siquiera en coma para poder decirle adiós.

Las circunstancias, otra vez, no ayudaron. A las once salí del trabajo. Y a las siete de la mañana mi hermano me llamó para decirme que las cosas estaban mucho peor. Al borde de un desenlace que sobrevino poco después, cuando apenas faltaba media hora para que yo llegara. Espero que esté donde esté haya sabido perdonarme. Yo aún no he podido.

23 febrero 2015

Redes sociales, tiempo, Iberdrola y Hema

Este es un post de agradecimiento. Los blogs e instagram han traído a mi vida a personas increíbles. A unas las admiro por su creatividad; a otras, por su tesón, o por su fuerza, o por su humor, o por su forma de ver las cosas... No las conozco en persona. Y probablemente algunas ni siquiera sepan quién soy yo (o mejor dicho, mi alter ego). Eso da igual.

Las nuevas tecnologías (creo que deberíamos replantearnos seriamente cambiarles el nombre porque nuevas nuevas ya no son) han cambiado nuestra forma de relacionarnos con los demás. Hay quien dice que la ha estropeado, que ya no profundizamos, que no escuchamos... Otros, defienden todo lo contrario, que nos han permitido desarrollar ciertas áreas, que han supuesto una oportunidad de abrirse al mundo a algunos grupos, que son una ventana democratizadora...

Bien. Yo creo que tienen sus cosas buenas y malas. Claro que no me gusta estar con una amiga y que se pase la mitad del tiempo mirando el móvil y escribiendo comentarios en Facebook. Pero a través de ellas he podido conocer a gente encantadora. La penúltima sorpresa que me ha arrancado una sonrisa bobalicona me la ha sacado una persona a la que nunca he visto en persona y con la que no he cruzado whatsapp alguno, pero a la que he cogido mucho cariño y de la que aprendo muchas cosas. Es Anita.


El martes, al abrir mi buzón encontré un 'sospechoso' sobre de papel crema. Ya sabía que era suyo. Lo que desconocía era lo que había en su interior. Lo abrí mientras subía en el ascensor y se me escapó una carcajada. Eran unas gomas decorativas de lo más gracioso. También había una nota (con una letra limpia, clara, equilibrada... Preciosa, vaya. La mía podría pasar por la de un médico). Algunos pensaréis que es una chorrada, pero a mí me hizo más ilusión que muchos regalos 'buenos' que me han hecho en mi vida (aunque para mí lo importante siempre es la intención y quien me conoce, lo sabe).

Probablemente, Anita sabe cosas de mí que desconocen gente que me ve a diario, con la que tengo una relación más directa, e incluso que alguna 'amiga' del bando tradicional. Es así porque a diario nos 'vemos' en las redes sociales. Yo presento trocitos de mis jornadas en instagram y desvelo mis intereses, preocupaciones y gustos en mis dos blogs. Y ella lo ve. Y 'se queda' con ello.

Por eso, cuando vio las gomas de dulces en Hema se acordó de mí y de mi cocina, y las cogió. Luego, empleó algo valiosísimo en los tiempos que corren, unos minutillos de su vida, en empaquetarlo y llevarlo a Correos (ese túnel del tiempo, sí) para que el martes llegara a mi buzón un trocito de calor por el que no tengo que pagar a Iberdrola. Gracias. Me encantaron, sobra decirlo.
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